A menudo llegan personas a psicoterapia en un momento de crisis existencial. En estos momentos hay una profunda reflexión sobre los propósitos vitales, sobre el significado de su existencia, sus principios o su identidad. Hay un deseo de búsqueda y una inevitable revisión.
La etimología de Crisis (del griego Krísis) significa separar el grano de la paja, es decir, decidir qué es lo que me interesa y sigo eligiendo de mí y de mi vida, y qué es obsoleto para mí o ya no me interesa.
Acostumbramos a saber que estamos en crisis porqué aparece una sensación de molestia o malestar. Les sucede lo mismo a las gambas, las cuales para poder crecer van mudando de piel a lo largo de su vida, necesitan sacarse de encima esa armadura dura que les impide crecer. Lo hacen cuando notan una molestia insostenible, entonces se desprenden de la “piel”, quedándose nudas y vulnerables, hasta que forman un exoesqueleto mayor y confortable.
Cualquier crisis nos permite crecer, prosperar, permitiéndonos hacer una metamorfosis que nos convertirá en una nueva y actualizada versión de la persona que somos.
Pero para ello, necesitamos vivir el proceso, soltar las viejas pieles, conectar con la vulnerabilidad, para así poder tomar aquello que está por venir.
Ante una crisis solemos encontrar varias dificultades. Una de ellas, muy común, es la impaciencia de que pase rápido. Como dice Thitch Nhat Hanh “desear una cosa tras de otra para sentirnos bien es la enfermedad colectiva de los humanos de nuestra era”.
Vivimos en la sociedad de la inmediatez, y a veces, el ritmo del proceso de transformación es más lento de lo que nosotr@s querríamos. Por mucho que nos enfademos no conseguiremos nada. Es más, es una oportunidad para percatarnos de que la Vida está por encima de nosotr@s, y de que en todos los procesos tenemos un margen donde podemos intervenir y otro donde nada depende de nosotr@s. De este modo, lo que podemos hacer es ver qué movimientos hace la Vida y responder ante ellos cuando sea nuestro turno: acompasarnos al ritmo natural del proceso de transformación.
Otra dificultad que nos solemos encontrar es el miedo a lo desconocido, miedo a lo que pasará si tomo uno u otro camino.
El control está por todas partes en nuestra sociedad, nos hacen creer que podemos llevar el control de nuestra vida, pero en realidad, ¿qué podemos controlar al cien por cien? Es una zanahoria que nos ponemos y a la cual nunca podremos llegar, pero nuestra mente cree que sí y seguimos intentándolo.
Si me compro este coche se acabarán todas mis inseguridades; si voy al gym acabarán mis problemas matrimoniales; si voy a vivir al campo será muy fácil educar a mis hijos…
Ante una crisis nos cuestionamos nuestros valores, aquello que hacemos, nuestras prioridades, la red de relaciones que tenemos, nuestro trabajo, la forma en que vivimos… todos o alguno de estos ámbitos.
Y el hecho de no saber, esa incertidumbre de lo que pasará después de tomar decisiones nos carcome por dentro, no sabemos qué hacer con ella puesto que estamos acostumbrad@s a consumir ese falso control, que la tapa y la camufla. Como huaman@s, tenemos el asunto pendiente de aprender a convivir con la incertidumbre.
El miedo es una emoción muy importante, ya que nos vincula a nuestra capacidad de supervivencia. El miedo nos informa de posibles peligros ante una situación, se nos disparan alarmas para que nos pongamos en guardia, para que abramos bien los ojos y observemos de la forma más exhaustiva posible el escenario en el que estamos.
Una vez escuchado el miedo y hacer esa observación, no tenemos potestad para hacer nada más en ese instante, de modo que nos queda esperar a que pasen cosas, o bien, pasar a la acción con miedo.
Otra dificultad es la presión (interna o externa) de cómo deberían ser las cosas o la imaginación de cómo nos gustaría que fueran. Aquí entran las expectatives de cómo pienso que debería ser mi vida, los prejuicios, las opiniones varias, los juicios, mis fantasías, las promesas…
Y todo esto se convierte en ruido mental que nos aturde y nos distrae de lo que realmente somos y queremos, o de las decisiones que queremos tomar.
Tomar consciencia de estas presiones que están actuando en nosotr@s nos puede ayudar a mantenerlas al margen, o simplemente, asumir que están interfiriendo en nuestro proceso de transformación.
De este modo, y teniendo en cuenta estas y otras dificultades que nos podemos encontrar, las crisis nos ayudan a pararnos y ver qué ya no nos sirve y queremos soltar de nuestra vida, ver qué necesitamos y queremos incorporar en nuestra vida, y mirar opciones disponibles y cómo llegar a ellas para conseguirlo.
Finalmente, evaluar si tengo aquello que estaba buscando o bien si necesito más, o si lo que encontré no es exactamente lo que buscaba, y continuar con la transformación… En este proceso, a menudo nos sentimos invitad@s a mirar el pasado, donde construimos la vida de donde venimos.
Esto supondrá mirar, entre otras cosas, nuestra infancia, nuestro dolor, nuestras luces y nuestras sombras, los cimientos de nuestra identidad, la cuna donde yacimos… De modo que estar en crisis a menudo requiere adentrarnos a las profundidades de nuestro ser.
A lo largo de una crisis, pues, es importante desarrollar los siguientes aspectos:
– Tener silencio interior (meditar es una buena opción)
- Tomar consciencia de las necesidades propias de ese instante
- Buscar momentos de reflexión y escucha profunda (ya sea a solas comohablando con personas cercanas)
- Cuidar el entorno de confianza más estrecho (para notar el apoyo humano)
- Escribir recurrentemente (invitarnos a ir expresando contínuamente)
- Tener autocura de un@ mism@ (para sostener la situación con el máximobienestar)
- Dedicar momentos a la quietud para conectar con nuestra esencia (il dolcefar niente).A pesar de que la crisis como tal pueda durar un tiempo determinado, el proceso de crecimiento es constante
Cualquier ente vivo está en constante cambio, es imposible no crecer.
Lo que marca la diferencia es la conciencia que estemos poniendo en ello para marcar nosotr@s la dirección que queremos tomar dentro de las posibilidades reales existentes.
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