Y de repente nos encontramos caminando. No sabemos hacia dónde, pero en una mezcla de intuición e inercia vamos poniendo un pie delante del otro y vamos avanzando.
Cada día que pasa hace que el caminar nos resulte más familiar, “más normal”.
Caminamos yendo a la escuela, a danza, a entrenamiento de baloncesto… después viene el instituto, el acné, los primeros amores y desamores… los estudios superiores, la entrada al mundo laboral… Y nosotros seguimos caminando.
Y nos cuesta hacernos la pregunta. ¿Hacia dónde voy?
Sin ésta, seguimos caminando, buscando estabilidad, quizás en pareja, o sin ella, creando una familia, comprándonos una casa, un coche, ascendiendo en el trabajo, viajando…
Y nos cuesta hacernos más preguntas. ¿Es esto lo que realmente quiero?
Es como si fuéramos caminando por la montaña, sin saber muy bien cuál es la meta, mirando hacia el suelo a cada paso que damos, absortos en nuestros pensamientos, con el ruido interior de nuestra mente que captura nuestra atención, sin percibir la belleza del paisaje que nos rodea.
Entonces, no es hasta que llega un golpe fuerte en nuestra vida, como una muerte o una gran pérdida, que no nos miramos a la Vida a los ojos.
Mirar a la Vida es hacer una parada en el camino, levantar la mirada del suelo y observar el paisaje que nos envuelve.
Contemplar en silencio. Escuchar el silencio. Y dejarnos impregnar por las sensaciones, los olores, los colores, la música, la configuración de este viaje que estamos viviendo.
Tomar conciencia de que estamos haciendo el camino caminando.
Mirar a la Vida después de un golpe fuerte nos recuerda que estar vivos es un regalo. No elegimos estar vivos, pero sí que podemos decidir cómo aprovechar la oportunidad de estar vivos, cómo queremos que sea nuestra travesía en esta vida.
Si lo vemos, si miramos y nos damos cuenta de que estamos aquí, en este instante, podremos meditar cada paso que demos. Priorizar lo que realmente nos importa, elegir conscientemente qué caminos recorrer y seleccionar bien la compañía.
Para saberlo hace falta hacerse preguntas…
- ¿Hacia dónde voy?, ¿Qué da sentido a mi vida?
- ¿Qué me sobra actualmente en mi vida?, ¿Qué me falta?
- ¿Qué ha aprendido hasta hoy?, ¿Qué puedo aportar?
- ¿Cómo miro a la muerte?, ¿Cómo dejo que la muerte afecte mi forma de vivir?
- ¿Qué oportunidades estoy tomando?, ¿Qué estoy dejando escapar?
- ¿Qué me da confort?, ¿Qué me perjudica?
- ¿Qué es lo que no estoy mirando?…
Caminando, ahora con la consciencia de que lo estamos haciendo, avanzaremos en el viaje interior, sabiéndonos más confiables y orientados.
Caminar nos acerca a nosotros mismos y a la Vida.
Y con cada paso encontraremos más sentido al fenómeno de estar vivos, podremos palpar el poder que tenemos para responder ante la Vida, en vez de preocuparnos por lo que ella decida para nosotros.
Y añadir paradas en nuestro viaje, dejar de caminar para ir a las profundidades de nuestro ser, para indagar sobre nosotros, nuestros propósitos, nuestras verdades, nuestras inquietudes y nuestro saber.
Aprender a saber vivir esta Vida que nos ha sido dada, hasta que siga siendo.
Y después, ya veremos.
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