Persona surfeando en el océano, vista aérea

Hace ya unos años que la tendencia se ha asentado. A medida que el número de matrimonios desciende y aumenta el de separaciones y divorcios, va creciendo también la cifra de personas sin pareja. Esta puede ser la era de los llamados singles.

Esta tendencia viene arropada por la crisis del llamado amor romántico. Después de siglos de reinado indiscutible como paradigma ideal en las relaciones de pareja, nuevos modelos aparecen para hacer tambalear el estatus quo, a la vez que se va desestigmatizando la soltería.

Así, motivos recurrentes como las “medias naranjas” o el “amor eterno” van quedando aparentemente obsoletos. Son sustituidos por el empoderamiento del individuo y nuevos modelos más flexibles en los que cada cual es invitado a construir su propio modelo de relación.

Pese a todo, la presión social y cultural hacia el colectivo de solteros sigue presente. Especialmente, en el caso de las mujeres solteras, a las que se suma también el mandato en pos de la maternidad. Miradas de soslayo de los amigos casados, infinitas propuestas de citas a ciegas, ¿y tú para cuándo? en cada boda, bautizo o comunión…

¿Se elige o se sobrelleva?

Navegando en este mar de nuevas tendencias y presiones tradicionales, las personas solteras se sienten a menudo abrumadas. Aclamados por unos y compadecidos por otros, a menudo es difícil discernir si uno es soltero feliz y por decisión propia o bien a disgusto y por circunstancias ajenas. 

Para lograr responder a esta pregunta, es imprescindible poder conectar con nuestras propias emociones y deseos, aceptando quien realmente somos y abandonando el ideal de quién querríamos ser. 

Una vez hemos conectado con nuestra esencia, podemos tomar fuerza y empoderarnos para tomar las decisiones necesarias para vivir la vida que verdaderamente nos apetece vivir. Quizás nos toque aceptar que tenemos ganas de tener una pareja. Quizás nos sorprenderemos porque descubrimos que nos toca aceptar que no.

Y si decidimos acercarnos al otro, sigue la aventura.

El reto es conseguir seguir conectados a nuestra esencia al entrar en contacto, para sentirnos libres y en paz. A su vez, liberarnos de expectativas hacia el otro para permitirnos conocerle de forma genuina.

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