La ansiedad y yo

por | 16 Dic 2011 | Blog

Hace apenas diez minutos que estaba en la estación de Paseo de Gracia esperando el tren y me he conectado al Facebook donde me he encontrado la siguiente publicación:

«La depressió, l’ansietat i els atacs de pànic no son un signe de debilitat. Son signes d’haver estat intentant ser fort durant massa temps. Posa això al teu mur si coneixes a algú que pateix o ha patit alguna d’aquestes patologies. T’animes a deixar-ho durant … almenys una hora? La majoria de gent no ho fará. Però es la Setmana de la Salut Mental i 1 de cada 3 de nosaltres en patirà en algun moment de la seva vida».

En un primer momento no deja de molestarme un tipo de publicación como esta, más que nada porque no me gusta que se cuelgue información con la coletilla «la mayoría de gente no lo hará». No es ningún mal. En mi caso, me apetece compartir mi vivencia con la ansiedad y lo que entiendo tras haber sido visitado por ella.

Al menos como yo la entiendo, al vivirla y al despedirme de ella, la ansiedad llega sin avisar, simplemente se planta en la vida y se queda inmóvil y estanca. Sin dar explicaciones aparece y produce una serie de sensaciones extrañas, difusas y confusionales. Algunas de ellas bastante impactantes (en mi caso recuerdo como que se producía mi muerte).

En un primer momento es visto como un enemigo que dificulta en exceso las actividades de la vida diaria y es posible que parte de las personas que la viven se dirijan a medicarse sin más, cosa que cronifica la ansiedad si no es acompañada de un proceso psicoterapéutico.

Otra opción es lanzarse a la búsqueda y normalmente los humanos, al ser instruidos desde pequeños, buscamos desde el intelecto. Mal negocio, la ansiedad se vuelve más fuerte; no le gusta a la ansiedad que piensen sobre ella…

Lo sorprendente de la ansiedad es que su proceso de disolución se genera a través de reconocer y revisar cómo está transcurriendo la vida, detectando todo aquello cuanto interfiere a la satisfacción personal y empezando una serie de procesos de cambios que permitan ejecutar acciones necesarias tal y como realmente se es (y no como se pretende ser o se cree ser).

En mi caso, el acercarme a las emociones me permitió reconocer todo aquello cuanto sentía y accionar tal y como correspondía. Si no andaba gestionando adecuadamente era debido a los constructos mentales por los cuales hacía las cosas como tenía que hacerlas (el ego).

Mi antídoto fue el dejar de pensar en la ansiedad para darle importancia a sentir cómo mi vida estaba. La disolución de la ansiedad se produjo al empezar movimientos nuevos y alejándome de aquellos que socialmente eran más aceptados y que me apartaban de ser como realmente era.

La ansiedad, entonces, se deshizo como un cubito de hielo se deshace ante la grandeza del sol. Con lo cual y en mi caso me siento muy agradecido a la ansiedad, ya que me llevó a ver lo que hoy veo y a hacer todo aquello que me hace feliz.

Ahora bien, si como dice la publicación una persona de cada tres tiene o tendrá ansiedad, cuanto más cerca estemos de ser tal y como realmente somos y actuar en consecuencia menos opciones tendremos de ser visitados por la ansiedad.

Para ello es necesario empezar un proceso de reconocimiento sensitivo. Sin embargo, como no nos enseñaron el significado de las sensaciones se tiende a buscar queriendo entender las cosas. No es posible. El sistema emocional funciona diferente y es necesario aprenderlo para acercarse a uno mismo.

Hasta la próxima!

El autor/La autora

Miguel Martín

Llevo 15 años acompañando a personas y organizaciones en procesos de transformación y empoderamiento. He trabajado en estrecha relación con proyectos ligados al desarrollo social. Como director de Formaser, mi propósito es ayudar a construir espacios sostenibles de bienestar en el campo profesional.

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