Todo empieza por detenerse.
Para ello, unas respiraciones lentas y profundas son fundamentales para iniciar bien el proceso.

  Probar a respirar con ojos cerrados o mirando un punto (en concreto unas cinco veces es iniciar con garantías el ponerse en contacto con las sensaciones.) Éstas ocurren entre el cuello y el bajo vientre.
Ahora bien, como no se nos enseñó desde pequeños a qué hacer con las sensaciones, la invitación es a aprenderlo en la actualidad.
Las sensaciones emergen para invitar al ser humano a accionar un movimiento que facilite una mejor vivencia en la situación en la que se manifiesta.
Para mayor tranquilidad en el proceso, las sensaciones pueden ser identificadas con emociones: las cuatro básicas son la alegría, la tristeza, el miedo y el enfado.
Una vez producida la identificación podemos empezar a divisar todas las variables que influyen en la situación para generar esta emoción, para que una vez detectado lo que falta por hacer o dejar de hacer se accione y se disuelva la emoción.
Entonces, el ser humano puede continuar en su camino de vida limpio hasta que vuelva a vivir una nueva sensación para volver a iniciar de nuevo todo el proceso.
Si os interesa esta actividad, poneros en contacto en info@formaser.com

Miguel Martín Montalvo

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